Room 12 de LP: El corazón no sabe de instrucciones

Hay algo bastante divertido en que Room 12 empiece con una mujer que aparentemente ya entendió varias cosas de la vida. Shelly tuvo hijos, fue esposa, descubrió que ni el dinero ni los anillos de oro traen garantía incluida y ahora es feliz con un hombre más joven y colombiano. Sobre todo colombiano. LP repite el dato suficientes veces como para asegurarse de que nadie llegue a la segunda canción con dudas al respecto.

Pero debajo de la historia de Shelly hay una idea que Room 12 va a perseguir durante sus once canciones: ¿qué hacemos cuando la vida, el amor o nosotros mismos cambiamos de planes?

LP tiene varias respuestas. El detalle interesante es que no siempre coinciden.

Best In Life llega apenas en la segunda pista y parece tenerlo clarísimo. Libérate, resiste, busca la alegría, sé quien quieras ser y elige la vida que realmente quieres. “Be a boy, be a girl”, “sé un chico, sé una chica”, canta LP mientras las guitarras empujan uno de los momentos más enérgicos del álbum. La canción no sólo habla de libertad, también suena libre. Y en vivo tiene un atractivo extra: LP se encarga del solo de guitarra, un momento que le queda especialmente bien a una canción construida alrededor de hacer las cosas a tu manera.

Lo curioso es que Room 12 enseña muy pronto cuánto puede subir el voltaje y después decide bajar las revoluciones. Gran parte del álbum se mueve en terrenos más pausados, con la voz de LP ocupando el centro y las letras haciendo buena parte del trabajo. A veces esa intimidad funciona de maravilla; otras, uno quisiera que alguien volviera a enchufar la guitarra.

Pero no hay demasiado tiempo para reclamar porque Love Is All I Have tiene algo bastante más urgente que decir: puedes seguir amando a alguien y que el amor ya no alcance para dos. La relación termina, alguien se marcha y parece llevarse la mitad de quien se queda. Entonces LP canta “I will live to love again”, “viviré para volver a amar”, y en una sola frase evita convertir la ruptura en un callejón sin salida. No promete olvidar ni asegura que todo estará bien mañana. Sólo promete que habrá un después.

Mi Corazón tampoco está interesada en soluciones demasiado bonitas. LP canta sobre sueños convertidos en tiranos, gritos que ocurren por dentro y haberse arrastrado hasta conseguir volver a caminar, pero sigue buscando a alguien. El corazón duele y aun así quiere encontrar. Aquí no hay un discurso de autosuficiencia esperando al final para ponerle un moño al dolor.

En Thirty 2nd Chances, en cambio, LP hasta agradece los amores que tuvo que perder porque terminaron conduciéndola hasta otra persona. El título juega con esas “treinta segundas oportunidades”, mientras la letra habla también de posibilidades y caminos que parecían perdidos. Por un momento da la impresión de que LP finalmente hizo las paces con el pasado.

No se acostumbren.

Porque Heaven and Earth movería literalmente cielo y tierra por alguien. La canción fue escrita originalmente en 2014 y tardó doce años en encontrar su lugar en Room 12, una paciencia considerable para un tema que no tiene demasiada intención de esperar. LP quiere ese amor y está dispuesta a ir por él.

Después llega Amnesia y sube la apuesta: masoquismo, una falla en la que entrar aun sabiendo que puede romperse, municiones entregadas metafóricamente a la otra persona y una fe en la relación que termina convertida prácticamente en religión. Todo desemboca en una petición: no tengas amnesia, no olvides lo nuestro. Y después, todavía más directa, “don’t forget you’re mine”, “no olvides que eres mía”.

La siguiente canción es Jonesin’, y recomienda dejar de vivir enganchados al pasado.

Perfecto. Ya estamos todos confundidos.

Y ésa termina siendo una de las mejores cosas de Room 12. Una canción pide “no me olvides” y la siguiente prácticamente responde “hay que seguir adelante”. Thirty 2nd Chances agradece los amores perdidos, Heaven and Earth movería cielo y tierra por uno y Love Is All I Have ya había advertido que, a veces, ni siquiera amar es suficiente.

La coherencia emocional nunca ha sido requisito para tener sentimientos.

Jonesin’ además consigue distinguirse musicalmente sin necesidad de acelerar. La armónica y ese aire western cambian el paisaje del álbum, y por si faltaba algo, un poeta y un profeta entran a un bar. Durante un segundo parece que alguien finalmente va a contar un chiste, pero llegan cansados y perdidos después del amor y la guerra. Ni para eso nos dieron descanso.

Por suerte, Don’t Stop decide que quizá no sea necesario analizar la existencia a todas horas. Hay un atardecer en una azotea, música, enamoramiento y una petición bastante sencilla: “Play another record, don’t stop”, “pon otro disco, no pares”. Después de tantas vueltas al pasado, ésta se queda en el presente y lo disfruta.

También despierta musicalmente al álbum justo cuando empieza a hacer falta. Best In Life había dejado la vara alta desde la segunda pista y Don’t Stop recupera parte de ese movimiento mucho después, mientras Jonesin’ encuentra personalidad desde la textura y canciones como Shelly y Mi Corazón introducen otros matices. Room 12 tiene más variedad de la que parece en una primera escucha, aunque hay que ir a buscar parte de ella entre canciones que comparten una misma inclinación por la calma.

Y cuando parecía que por fin habíamos conseguido pasar un rato agradable sin revisar nuestras decisiones sentimentales, aparece When I Think of You.

LP quiere ser lo mejor para alguien y casi inmediatamente se describe como “a con artist”, una impostora, una embaucadora. Hay inseguridad, muros, recuerdos y cosas que pudieron haber sido hasta que toda esa maraña consigue resumirse en cuatro palabras:

“Dime si piensas en mí.”

Ahí está. Podemos mover cielo y tierra, sobrevivir a una ruptura, agradecer treinta oportunidades, jurar que dejamos el pasado atrás y poner otro disco para vivir el momento. Al final todavía queremos saber si ocupamos la cabeza de alguien tanto como esa persona ocupa la nuestra.

Y Room 12 no va a resolver esa contradicción antes de terminar. Mejor, porque todavía falta la más grande.

Chasing & Waiting deja de preguntarse únicamente qué hacemos con el amor y empieza a preguntarse qué hacemos con nuestra vida. ¿Cuánto tiempo pasamos persiguiendo algo? ¿Cuánto esperando? LP mira hacia “el otro lado”, habla de romper cadenas, de entrar en la luz y hasta coloca a alguien sosteniendo un cartel con “The end is nigh”, “el fin está cerca”.

Durante unos segundos parece que finalmente tendremos una respuesta. Aparece “no more chasing, waiting”, “no más perseguir y esperar”. Listo. Once canciones después, encontramos la lección.

Pues no.

La última idea que deja Room 12 es “chasing ’til you die”: persiguiendo hasta morir.

Y funciona precisamente porque el álbum no necesitaba una moraleja. LP pasa buena parte del disco queriendo algo: libertad, otra oportunidad, un amor, recuperar lo perdido, dejarlo atrás, saber si alguien todavía piensa en ella o conseguir que un instante dure un poco más. Cada vez que parece haber decidido qué quiere, otra canción llega a complicarle el plan.

Ahí está probablemente la parte más interesante del disco. Room 12 no intenta convertir el amor, el paso del tiempo o las pérdidas en una historia perfectamente ordenada. Se aferra y suelta, mira hacia atrás y sigue caminando, disfruta el presente y vuelve a perderse dentro de un recuerdo. Es contradictorio porque sentir también lo es.

Musicalmente, el álbum es más contenido de lo que esas emociones podrían sugerir y no todas sus canciones golpean con la misma inmediatez. Hay momentos en los que se extraña un poco más de la energía que Best In Life demuestra tan temprano que le sienta estupendamente a LP. Pero también es un disco que cambia con las escuchas: aparecen frases que habían pasado inadvertidas, canciones que empiezan a dialogar entre sí y contradicciones que, lejos de estorbar, terminan dándole personalidad.

Quizá ésa sea la mejor manera de acercarse a Room 12: sin esperar que todo esté perfectamente acomodado antes de abrir la puerta.

Room 12, el nuevo álbum de LP, podría ser uno de los trabajos más interesantes de su carrera, no porque tenga todas las respuestas, sino porque sabe dejar unas cuantas preguntas dando vueltas después de que termina la música. Si todavía no lo has escuchado, ¿qué esperas para entrar a la habitación?

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